martes, 17 de agosto de 2010

Episodio 6: Cita con una voz

Te levantás del sillón, mirás a las dos como siguen intercambiando palabras, agarrás tus cosas, te preparás para salir. Le pedís permiso a Mara para ir al baño y ella no se corre. La esquivas. Te encerras en el baño, te mirás al espejo y te arreglas un poco antes de irte de ese lugar que no está ayudando a tu desorden mental. Salís, le das un fuerte abrazo a Ceci, le agradeces por todo y le pedís perdón. Le decís que se te hizo tarde y que te tenés que ir. Te responde con otro abrazo y te da el visto bueno para que te vayas, diciéndote que va a ser mejor así. La saludas a Mara que sigue apoyada en la puerta y te vas.

Salís a la calle, respirás profundamente el aire fresco. Caminas hasta la esquina, doblas a la derecha, haces un par de cuadras y te das cuenta que tu rumbo es indefinido. Decidís sentarte en las escaleras de un edificio antiguo. Un nuevo momento con vos misma. Sola. Un nuevo momento para repasar el día. Mientras, notas que ya se está haciendo de noche y que se te va a hacer imposible dormir hasta muy tarde. La conclusión de ambas cosas, te trae a la cabeza un nombre: Juan. Ese chico que tan tiernamente se había preocupado por cómo te fuiste de la casa de Javier, en el medio de esa fiesta con la que empezaste el día. Te empieza a intrigar como será. Se te ocurre llamarlo a Javier, con la excusa de hablar de la fiesta, cuando en realidad tu intención era conseguir mayor información de Juan. Te acordás que a esa hora tu amigo está actuando. Tu intriga te gana y le mandás un mensaje de texto a ese número del que te había llamado Juan: “Gracias por el llamado. Ya estoy mejor. Un beso. Ce.”. Sólo 2 minutos después te suena el teléfono. Es él. Luego de los saludos de rigor, te pregunta dónde estás y si te gustaría que se encontrarten. La intriga te puede. Tan sólo unas horas después de ese mensaje de texto, esa voz tendrá una cara que la acompañe.

Ya son las 11:30 de la noche. Llegás a la esquina de Honduras y Godoy Cruz, cuando ves un chico alto y rubio acercarse. Es muy lindo. Se te presenta, aunque vos ya intuías que era él. Van a un bar de la zona y se ponen a hablar. Ríen mucho. Le jurás que no entendés como no lo habías registrado en la fiesta. Mucho menos entendés como estas ahí en ese lugar con un desconocido. Y todo el tiempo te inventas excusas para no sentir culpa por estar sintiendo cosas por ese chico que aún no conoces. Es muy fuerte. La noche pasa, el vino corre. En el medio de la noche te llama Javier, para ver como estabas. Le contás la situación. Te da las mejores referencias de tu ocasional acompañante. También te llega un mensaje de Julia, que no llegas a responder porque se te olvida con un chiste que te hace Juan. Cuando te das cuenta, mirás el celular y ya son las 4:38. Ahora sí que no querés que termine el día. Te sentís renovada. Juan te dice por tercera vez que le avises si estabas cansada, y esta vez le contestas que sí. Pide la cuenta, paga. Hace mucho que alguien no era tan caballero con vos. Te lleva a tu casa en su auto, llegan a la puerta y no aguantas más. Lo besas. Sabes que de tan caballero, no te va a besar sabiendo que no estaba bien. Que te iba a respetar. Pero para vos el respeto con vos misma es hacerle caso a lo que sentís. Y no podías aguantarte más, sin un beso de él. Sus besos son deliciosos. El vino ya no deja lugar para las culpas y los pensamientos del día. Sus besos te calientan y recién ahí empezás a cuestionarte como seguir la situación. No entendés mucho lo que está pasando. Tampoco querés. (Los lectores decidieron que Cecilia o invita a Juan a pasar a su departamento y tiene relaciones sexuales con él.)

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